La Hermandad de la Sagrada Cena es una de las corporaciones con mayor poso histórico de la Semana Santa de Sevilla. En la obra Semana Santa en Sevilla, publicada en 1899 por Francisco Almela Vinet, se recoge que esta hermandad, bajo el título de Cofradía de la Sagrada Cena Sacramental, Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora del Subterráneo, tuvo su origen en la parroquia de Omnium Sanctorum y nació en memoria de la Última Cena de Jesucristo con sus apóstoles, momento en el que instituyó el sacramento de la Eucaristía. Según esta fuente, su fundación se sitúa a mediados del siglo XVI y sus reglas fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica el 14 de diciembre de 1580.
A lo largo de su historia, la corporación atravesó distintas etapas y traslados. El libro señala que, tras sus comienzos en Omnium Sanctorum, la hermandad pasó a la iglesia de San Basilio, donde llegó a levantar su propia capilla. Durante la invasión francesa trasladó sus imágenes a la parroquia de San Gil y, una vez restablecida la normalidad, regresó a San Basilio. Más tarde, con la revolución de 1868, perdió la capilla y los almacenes donde guardaba sus pasos, lo que obligó a trasladar las imágenes a San Vicente hasta que en 1881 volvió a su sede primitiva de Omnium Sanctorum.
El propio texto de finales del siglo XIX subraya que la Sagrada Cena sufrió “mil vicisitudes” y que incluso hubo periodos de más de sesenta años sin hacer estación de penitencia. También apunta que sus imágenes fueron renovadas y restauradas varias veces, además de modificarse sus pasos con el paso del tiempo. Aun así, la hermandad logró recomponerse gracias al impulso de José María del Campo y Aranda, a quien el autor atribuye la reorganización de la corporación y su regreso a la Catedral el Domingo de Ramos de 1897, una salida descrita como realizada con “lucidez y suntuosidad”.
En aquella época, la cofradía contaba con tres pasos. El primero representaba la Sagrada Cena, con el Señor acompañado de los apóstoles en la mesa y en actitud de bendecir el pan y el vino. La peana era descrita como de estilo gótico, dorada y con alegorías alusivas al misterio. Almela Vinet recoge que la imagen del Señor había sido realizada en 1860 por Manuel Gutiérrez Cano, mientras que el apostolado fue ejecutado en 1897 por Manuel Pérez Gisbert.
El segundo paso era el del Señor de la Humildad y Paciencia, representado sentado sobre una piedra, con la mano en la mejilla, junto a la cruz tendida y varios elementos de la escena de la crucifixión. El autor indica que este paso había sido suprimido en los últimos años en los que la hermandad había realizado estación, una muestra más de los cambios que experimentó la cofradía a lo largo de su historia.
El tercer paso, que en aquel momento había pasado a ser el segundo, era el de Nuestra Señora del Subterráneo, que procesionaba bajo palio de terciopelo bordado en oro y sostenido por varas plateadas. La Virgen vestía, según la descripción de 1899, túnica de terciopelo blanco y manto negro, ligeramente bordado.
También resulta llamativo comprobar cómo habían cambiado algunos elementos identitarios de la hermandad. El libro explica que su antiguo escudo era el Cordero Pascual, mientras que en aquel tiempo ya usaba como insignia la Cruz de Jerusalén y el Cáliz. Del mismo modo, los nazarenos vestían túnicas blancas con insignias y cordones rojos. Almela Vinet añade además un dato interesante: en sus tiempos primitivos la hermandad hacía estación el Jueves Santo, aunque a finales del XIX lo hacía ya el Domingo de Ramos.
La mirada que ofrece esta publicación de 1899 permite entender a la Sagrada Cena como una hermandad de profundas raíces sacramentales, marcada por las dificultades históricas, los traslados, las pérdidas patrimoniales y, al mismo tiempo, por una notable capacidad de resurgir. Más de un siglo después, aquel testimonio sigue teniendo valor porque retrata cómo era entendida y descrita entonces una de las corporaciones más singulares de la Semana Santa sevillana.