Contacto

C/ Delineantes S/N

Llámanos

El Sevilla FC encontró este sábado 11 de abril una victoria de las que alivian, de las que sostienen y de las que devuelven algo de aire en mitad de una temporada áspera. El conjunto nervionense superó por 2-1 al Atlético de Madrid en el Ramón Sánchez-Pizjuán en un partido marcado por la urgencia local, la tensión en la grada y la necesidad de sumar tres puntos que valían mucho más que una simple jornada de Liga.

El equipo de Luis García Plaza entró al encuentro con la determinación que exigía el contexto. No tardó en traducir esa intensidad en ventaja. Una acción revisada por el VAR terminó en penalti a favor del Sevilla y Akor Adams, con potencia y convicción, firmó el 1-0 en el arranque. El gol encendió al Sánchez-Pizjuán y dio al equipo una salida emocional que necesitaba con urgencia.

Pero el partido volvió a mostrar una de las realidades que persiguen al Sevilla en este curso: su dificultad para vivir los encuentros con calma. El Atlético, con muchos cambios y varios jóvenes sobre el césped, fue creciendo con el paso de los minutos. El cuadro rojiblanco encontró el empate en el minuto 35 con un remate de Boñar en el segundo palo, castigando una acción mal defendida por los locales.

Ese empate amenazó con devolver los fantasmas de tantas noches complicadas en Nervión, pero esta vez el Sevilla reaccionó. Lo hizo sin brillantez, pero con orgullo. Y lo hizo antes del descanso, cuando Gudelj apareció en un saque de esquina para cabecear el 2-1 y devolverle al conjunto hispalense una ventaja tan valiosa como simbólica. El equipo no se cayó tras el golpe y encontró premio en una de las jugadas que mejor maneja cuando compite desde la necesidad.

La segunda mitad ya se jugó en otro terreno: el del sufrimiento. El Sevilla entendió que debía proteger su renta y el Atlético bajó su empuje, condicionado también por las rotaciones y por tener la mirada puesta en compromisos mayores en Champions y Copa. Aun así, el conjunto sevillista tuvo una ocasión clarísima para evitar apuros cuando Isaac Romero se quedó ante Musso, pero su remate se estrelló en el palo.

Desde ahí hasta el final todo fue resistencia. El Sevilla defendió con más corazón que tranquilidad, con la grada empujando y con el peso mental de saberse en una situación límite. No hubo espacio para florituras. Solo para aguantar, cerrar líneas, ganar duelos y proteger una victoria que era imprescindible. El equipo de Luis García Plaza lo hizo, y eso ya era mucho en una noche donde el resultado estaba por encima de cualquier otra lectura.

El triunfo corta la mala dinámica, refuerza al grupo y permite al sevillismo mirar la clasificación con algo menos de angustia. No fue una exhibición. Tampoco una noche redonda. Fue, más bien, una victoria de supervivencia. Y a estas alturas del curso, para este Sevilla, sobrevivir ya es una forma de creer.

Share:

administrator